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Crítica de Guerra Mundial Z: Brad Pitt frente a la plaga zombi

MADRID, 2 Ago. (EUROPA PRESS - Israel Arias)

Brad Pitt lucha contra una pandemia zombie en Guerra Mundial Z (World War Z) una superproducción dirigida por Marc Forster que lleva a la gran pantalla la popular novela escrita por Max Brooks.

El género zombi está más vivo que nunca. Cine, literatura, cómic, televisión... el éxito masivo en la pequeña pantalla de The Walking Dead ha hecho que el público se lance vorazmente a consumir todo lo que huela a muerto... viviente.

Los zombies no estaban tan de moda desde que Michael Jackson bailara el Thriller. Y al abrigo de este éxito, y de la gran reputación de la novela en la que se inspira -muy libremente, todo hay que decirlo-, llega a nuestras carteleras Guerra Mundial Z.

La cinta que aspira a convertirse en el taquillazo del verano nos sitúa en un futuro cercano en el que el una extraña pandemia ha convertido a la mayor parte de la población en rabiosos muertos vivientes colocando a la humanidad al borde de la extinción.

Casi todas las ciudades del planeta han caído, y los pocos humanos que quedan se atrincheran para intentar contener a los zombies, hordas rápidas y fieras cuando huelen (u oyen) carne fresca.

Nuestro héroe es Gerry Lane (Brad Pitt), un exinvestigador de Naciones Unidas que vive en Filadelfia con su familia cuando se ve sorprendido por el estallido de la plaga zombi. Tras poner a salvo a su prole, el Gobierno contacta con él para que vuelva a su antiguo puesto. Su misión: identificar al Paciente Cero, el primer humano que manifestó la enfermedad y que puede ser la clave para frenar la pandemia.

APOCALIPSIS ANTES, DURANTE Y DESPUÉS

Este es el desalentador planteamiento del que parte Guerra Mundial Z, una cinta que también tuvo tintes apocalípticos en su producción. La película sufrió sucesivas reescrituras de guión, un presupuesto disparado, varios retrasos en su estreno -con rodaje de material adicional incluido- e incluso fue acusada de autocensurarse para tener contentas a las autoridades chinas.


En su libreto, que en un primer momento fue encargado a Matthew Michael Carnahan (La sombra del poder, Leones por corderos), fueron metiendo mano -y pluma- Damon Lindelof (Prometheus, Lost) y Drew Goddard (Mostruoso, Buffy cazavampiros).

Como eximente cabe reconocer que llevar a la gran pantalla toda la riqueza y complejidad de un relato construido hilando diversos testimonios de muy variopintos supervivientes del Apocalipsis zombie era un reto mayúsculo, casi irrealizable. Un desafío en el que simplemente Guerra Mundial Z evita entrar.

Nada, o muy poco, del trasfondo social, político y psicológico ni de los profundos cambios que deja el casi fin de la humanidad relatados por el hijo de Mel Brooks en su novela se reflejan en la película. Foster y compañía prefieren entregarse a las carreras y los sustos apostando por un efectivo y efectista producto de consumo tan instantáneo como la conversión que sufren los infectados.

Así, el ecléctico director de Quantum of Solace y Cometas en el cielo alumbra un divertimento bastante eficaz -sobre todo en su primera mitad, donde logra transmitir una certera sensación de tensión y angustia- y excepcionalmente dotado desde el punto de vista técnico.

LAS DOS CARAS DE "LOS ZETAS"

Las secuencias en las que los zombies -perdón, infectados- corren en hordas imparables y se contorsionan rabiosos al estilo de los de Soy Leyenda o 28 días después son espectaculares. Y además de su encomiable factura, están dotadas de una variedad y originalidad en sus escenarios que hay que aplaudir. De lo mejorcito del género.

Y eso a pesar de la muy llamativa ausencia total de sangre y vísceras -taras de tener tan clara su vocación de blockbuster- y de que en algunas secuencias estos infectados resultan involuntariamente irrisorios.

Hablamos de esos momentos en los que "los zetas" están en estado de letargo y se convulsionan de forma muy parecida a cómo meneaban sus no-muertas caderas sus congéneres en el ya mencionado temazo de Michael Jackson. Momentos de "Comedia Mundial Z" que Brad Pitt sostiene con el mismo estoicismo y oficio del que echa mano en las casi dos horas de película para superar con holgura su primera cita en mucho tiempo con la acción pura y dura.

Guerra Mundial Z es, en definitiva, cine palomitero con todos sus ingredientes -una superestrella como protagonista, buenos efectos especiales en 3D y una historia llevadera que además está de moda- al que conviene acercarse sin tener muy en mente la complejidad de la obra de la que toma su título (y poco más).

Un digno entretenimiento ideal para consumir con refrescante gusto y con la poca exigencia mental de quien sabe que ahí fuera, lejos del confort de la butaca y del aire acondicionado, no nos espera una pandemia zombi... pero sí un calor de mil demonios.
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