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Aire limpio, una tarea para los ministros de ambiente

Foto: EFE
A finales de este mes se llevará a cabo en Cartagena, Colombia la XX Reunión del Foro de Ministros de Medio Ambiente de Latinoamérica y el Caribe. Esta reunión es de particular importancia para la región y el mundo, por cuanto se encuentran en proceso de implementación, tanto el Acuerdo de París en el seno de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC, por sus siglas en inglés) como los recientemente acordados Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Dos años atrás los Ministros tomaron el decisivo paso de aprobar el Plan de Acción Regional para la Cooperación Intergubernamental en Contaminación del Aire para América Latina y el Caribe (Plan de Acción). El Plan de Acción es decisivo porque es el primer acuerdo regional de contaminación del aire en Latinoamérica, pero también porque identifica explícitamente la relación inherente y sinérgica entre la lucha contra la contaminación del aire, el cambio climático y el desarrollo sostenible. Además, resalta la importancia de combatir la contaminación del aire para lograr los objetivos de la región.

“La contaminación del aire es una grave amenaza para la salud pública, el bienestar humano y la integridad de los ecosistemas. El aumento en los casos de mortalidad prematura, la morbilidad exacerbada, las perdidas en la productividad, la degradación de los bosques, el daño en las cosechas y el aumento en el calentamiento global, son algunos de los efectos diferenciales de la contaminación del aire a escala local, regional y global. Estos efectos perjudiciales son extremamente costosos, moralmente inaceptables y en gran medida perjudican a los grupos más vulnerables de la población, incluyendo niños y ancianos, así como a los enfermos y pobres. La contaminación del aire, sus efectos y costos impiden en gran medida el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y el potencial desarrollo nacional”.

Gracias en parte al trabajo de este importante Foro, muchos países y comunidades de América Latina y el Caribe han comenzado a tomar acción para hacer frente a la contaminación del aire. Por ejemplo, México y Argentina han adoptado controles de contaminación del aire a través de su legislación nacional. Muchas ciudades como Ciudad de México, Bogotá y Santiago de Chile también han fijado normas de calidad del aire. En este contexto, el progreso de estas acciones locales y nacionales, y en el marco de las actuales discusiones globales sobre cambio climático y desarrollo sostenible, la XX Reunión del Foro Ministros de Medio Ambiente de Latinoamérica y el Caribe es una oportunidad para que los países de la región avancen sobre la base del Plan de Acción, tomen el rol de liderazgo en estos procesos y aseguren que los temas de mayor importancia para la región sean plenamente reconocidos.

Los importantes vínculos entre las medidas de contaminación del aire a escala regional, nacional y local, y los procesos globales en curso, son una oportunidad para movilizar recursos adicionales para lograr metas relevantes a nivel nacional, pero es también una oportunidad para que la región promueva la agenda global de contaminación del aire. Pueden estimular compromisos y acciones más ambiciosas a nivel internacional y colocar a la región en una posición que impulse la acción global para proteger y mejorar las prioridades y el desarrollo de América Latina y el Caribe.

Influir en estas plataformas globales ayudará a movilizar recursos, adelantar las tareas en los sectores identificados en el Plan de Acción y favorecerá la construcción de capacidad local para combatir el problema de contaminación del aire en beneficio de Latinoamérica y el mundo.

Los Ministros se enfrentan a dos grandes oportunidades para construir sobre los excelentes logros del XIX Foro y hacer de la región un líder global:

1. Implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible


El 25 de septiembre de 2015, el mundo adoptó 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y 169 metas, que mejoran los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) en una serie de aspectos importantes. Por ejemplo, los ODM no consideraron temas ambientales en un amplio sentido, limitando la posibilidad de entender las causas subyacentes y los mecanismos apropiados para encontrar soluciones integrales a los problemas ambientales y de desarrollo. Los ODS identifican claramente la importancia de afrontar los temas ambientales para apoyar el desarrollo sostenible, por ejemplo, la meta 9 del objetivo 3 sobre buenas condiciones de salud y bienestar, busca “reducir sustancialmente el número de muertes y enfermedades producidas por productos químicos peligrosos y la contaminación del aire, el agua y el suelo”.

Los indicadores para evaluar el progreso de los objetivos y metas han sido propuestos a través de procesos de consulta y están actualmente en discusión. Estos indicadores globales serán complementados por indicadores regionales y nacionales, que desarrollarán los Estados Miembros.

Recomendación: Los indicadores de los ODS son una oportunidad para que los Ministros hagan el importante vínculo entre la contaminación del aire regional y nacional, y el desarrollo sostenible e integren plenamente el Plan de Acción dentro de los ODS. Los Ministros podrían comprometerse a trabajar en el marco del Plan de Acción para desarrollar los indicadores regionales y guías para indicadores nacionales que impulsarán la acción hacia la mitigación de la contaminación del aire.

Un ejemplo puede ser la meta 6 del objetivo 11 sobre Ciudades y Comunidades Sostenibles, cuyo objetivo es “reducir el impacto ambiental adverso per cápita de las ciudades, incluso prestando especial atención a la calidad del aire y la gestión de desechos municipales y de otro tipo”. Una creciente mayoría de la población en la región vive en densos y contaminados centros urbanos, lo que hace de la lucha contra la contaminación del aire urbano un objetivo fundamental para el desarrollo sostenible. El indicador global propuesto para este objetivo medirá el “nivel en el ambiente de material particulado (PM10 y PM2,5)”.

2. Implementación del Acuerdo de París y de las Contribuciones Nacionales Determinadas (INDC)


El Acuerdo de París, adoptado en la XXI Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 21), es un importante logro para la acción climática y permite muchos mecanismos y procesos diseñados para estimular la rápida reducción de las emisiones, el desarrollo económico sostenible y la reducción de la pobreza. Dos importantes decisiones particularmente relevantes fueron tomadas en el Acuerdo de Paris. Primero, el acuerdo no hace mención a la “canasta” de gases de efecto invernadero del Protocolo de Kioto, solamente a la ambición de estabilizar la temperatura global “muy por debajo de 2ºC con respecto a los niveles preindustriales y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5ºC” y segundo reconoce las Contribuciones Nacionales Determinadas (INDC) como el principal motor para impulsar el proceso de mitigación climática.

Las Contribuciones Nacionales Determinadas (INDC) son una herramienta que le permite a los países establecer una visión específica para la acción climática e identificar las medidas, sectores y contaminantes climáticos más importantes para su desarrollo en el contexto de las prioridades, circunstancias y capacidades nacionales. En este contexto, los INDC pueden ser una herramienta de mutuo apoyo para la acción climática, la reducción de la contaminación del aire, el desarrollo sostenible y pueden conducir las políticas de inversión a escala local, nacional y global.

El Acuerdo de París y su Grupo de Trabajo Ad Hoc (ADWGPA, por sus siglas en inglés) tiene como responsabilidad proveer entre otras cosas, “las guías para la implementación” de los INDC para su consideración y adopción en la COP 22. La primera reunión del ADWGPA tendrá lugar del 16 al 26 de Mayo en Bonn, Alemania. Esta metodología existente será probablemente guiada, al menos en parte, por el contenido, alcance y enfoque de los INDC existentes, la voluntad expresada y orientación de los países miembros.

La mayoría de los países de Latinoamérica han señalado en forma reiterada en sus INDC la importancia de hacer frente a los Contaminantes Climáticos de Corta de Vida (CCCV) para mitigar el cambio climático. De los 33 países de Latinoamérica, 31 han presentado sus INDC a la Secretaría de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC) y la mayoría han identificado al menos uno de los principales sectores de emisión de CCCV como objetivos de mitigación, incluyendo: 28 países con objetivos de reducción de metano y 15 con objetivos de reducción de HFC. México y Chile, igualmente han resaltado en sus INDC la importancia de reducir el carbono negro. Así mismo, México se ha comprometido con la reducción del 51% (por debajo del escenario de Business as usual) de las emisiones de carbono negro para el año 2030.

“Los CCCV tienen un importante Potencial de Calentamiento Global y un tiempo de vida en la atmósfera más corto que el CO2. Las acciones orientadas a su abatimiento contribuyen simultáneamente a la mitigación del cambio climático en el corto plazo y a la mejora inmediata de la calidad del aire, generando efectos positivos en la salud pública y la conservación de los ecosistemas (…) La Contribución que presenta México es justa y ambiciosa porque contiene, por primera ocasión, un importante componente no condicionado de reducción de 22% de GEI al 2030 que aumenta a un 25% de reducciones al incluirle el Carbono Negro, uno de los CCCV más conocidos”

Recomendación: se espera que los Ministros emitan una vigorosa declaración unificada sobre la importancia de la nueva metodología de INDC, siendo lo suficientemente flexible para que permita a los países priorizar e implementar acciones de mitigación de la contaminación del aire que provean beneficios relevantes a nivel nacional para la salud pública y de los ecosistemas, el desarrollo sostenible, así como de la mitigación del cambio climático. El propósito del Acuerdo de París y de los INDC es adelantar acciones en beneficio del clima y en consecuencia estas metodologías para el monitoreo y reporte de las acciones prometidas no deben excluir la contaminación del aire, así como sucedió con el Protocolo de Kioto.

La metodología de INDC debe también reconocer y mejorar las sinergias implícitas entre las acciones de mitigación de emisiones, adaptación y desarrollo sostenible. La adaptación climática más efectiva es la rápida mitigación, particularmente de los CCCV, que pueden proveer inmediatos beneficios a la salud pública y de los ecosistemas, conducir al crecimiento económico, reducir la vulnerabilidad ante los impactos del cambio climático y evitar el calentamiento global a corto plazo.

*Director CEID Colombia - www.ceidcolombia.org
El Espectador
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