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¿Qué pan es el mejor?


El pan puede llegar a ser un alimento en peligro de extinción en tu hogar por falsas creencias. Te suena eso de “el pan engorda” o “elimina el gluten de tu alimentación porque es perjudicial para la salud o porque es un alérgeno y engorda”. Se aproximan los momentos más difíciles para esta alimento básico pues a las puertas de la “operación bikini” es lo primero que pasa a formar parte de las famosas listas de “alimentos prohibidos” siendo sustituido, en muchos casos, por productos de la misma familia, la mayoría de las veces, opciones más energéticas y con ingredientes menos saludables.

¿Qué te aporta el pan?


Es una magnífica fuente de hidratos de carbono buenos (de absorción lenta) cuya principal función es suministrar energía para el funcionamiento corporal. Su composición es pobre en proteínas y grasas. El gluten es la proteína responsable del comportamiento de las harinas en la panificación y de reacciones adversas en personas sensibles a este compuesto como la celiaquía (esto no significa que haya que desterrar los alimentos que contienen gluten de la alimentación global). Puede constituir una buena de fuente de fibra junto con el grupo de las frutas y verduras pero ésta se encuentra fundamentalmente en las cubiertas externas del grano (que dan origen al salvado), cuando se eliminan, se obtienen las llamadas harinas refinadas. La composición de los diferentes tipos de harina es variable, pero en general la harina integral de grano entero (ésta es muy difícil de encontrar, las harinas integrales más frecuentes son el resultado de la mezcla de harinas refinadas y salvado), además de fibra, contiene cantidades superiores de minerales y vitaminas del grupo B.

¿Qué ingredientes forman parte del pan y cuál se su valor energético?


Para saberlo no tienes más que fijarte en el etiquetado, recuerda que todos los ingredientes que le añade el fabricante han de figurar en la lista de ingredientes y se enumeran por orden de importancia. El valor energético por 100 g. de producto lo encuentras en la información nutricional (no te dejes engañar por las valoraciones que figuran en letras grandes en los envoltorios pues se suelen referir a una porción y pueden confundirte).

Valor energético por 100 g. 248 Kcal.

Un pan congelado y horneado en el establecimiento de venta tiene como ingredientes: harina, agua, levadura, sal, complementos panarios (E-170…), emulgentes (E-472…) antioxidantes (E-300…) y enzimas. Su aporte energético es del orden de las 270 kilocalorías por cada 100 g. de producto.

Un pan de molde tiene en composición: harina, agua, levadura, azúcar, grasa o aceite, sal, emulgentes (E-471, 472, 481…), conservantes (E-200,282…). Pueden contener otros ingredientes como gluten, vinagre, harina de soja, espesantes, acidulantes, estabilizantes, etc. Su aporte energético es del orden de las 250 kilocalorías por cada 100 g. de producto.

Los panes tostados, panecillos, galletas saladas, crackers, tortitas, picatostes, palitos, picos… sus componetes pueden ser muy similares a cualquiera de los panes mencionados pero con una característica común, que en su composición apenas presentan agua lo que hace que su valor energético se eleve superando las 300 o incluso las 500 Kcal. por cada 100 g. de producto en las variedades con más contenido graso. ¿Te cambiarías a este pan para rebajar las calorías de tu alimentación?. Si lo haces, tendrás que vigilar mucho las cantidades.

Como ves, a medida que se industrializa el producto, aumentan sus componentes químicos y otros ingredientes de los que no debes de abusar como los azúcares y las grasas (recuerda que entre ellas pueden estar las no muy recomendadas aceites/grasas de palma, palmiste, grasas hidrogenadas, grasas animales, mantequillas, natas, mantecas…). Y cuanto más seco, crujiente y “palatable” (graso), mayor será su aporte energético.

¿Qué pan debería formar parte de tu alimentación diaria?


Que tu pan de todos los días sea elaborado con ingredientes básicos (harina, agua, fermentos “vivos” y sal), que no contenga azúcares y que su fibra, si es posible, sea la propia integrante del grano. El resto de los “panes” déjalos para momentos puntuales. Un truquito: el buen pan lo puedes congelar cuando está muy fresco en porciones e ir descongelándolo a temperatura ambiente (también, si lo necesitas más rápido, en el horno o microondas) en función de tus necesidades.

Como todo se puede mejorar, sólo un pequeño apunte para los buenos panaderos: un puntito menos de sal. Sería estupendo poder bajar del 1 %.

Ahora ya puedes tomar tus propias decisiones a la hora de comprar tu pan de todos los días.

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