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Del Potro: "Extrañaba la Davis; estar acá ya es mucho"

Foto: LA NACIÓN
Un periodista de un medio regional toma el micrófono durante la rueda de prensa del equipo italiano de la Copa Davis y, algo arrebatado, dirigiéndose a Fabio Fognini, avanza: "Ellos trajeron a Del Potro, algo así como el Maradona del tenis argentino...". La mejor raqueta azzurra, sonriendo, lo interrumpe: "O también un Messi". Al margen de la exageración y de que está dando sus primeros golpes en el tour después de una angustiante inactividad, Juan Martín del Potro sigue generando respeto. Mucho respeto, sobre todo en cruces en que cada país expone sus poderes, como el que se dará desde pasado mañana en el Circolo Tennis Baratoff, por uno de los cuartos de final. Mientras camina por los jardines del club, el tandilense debe inclinarse continuamente para tomarse fotos y dar autógrafos. Independientemente de su actualidad, sigue siendo un imán. Él se lo ganó en el court, claro. Y el equipo nacional cuenta con él después de casi cuatro temporadas de ausencia: su última participación fue en la derrota por 3-2 a manos de República Checa en una semifinal de 2012, en Parque Roca.

"Los pasos que estoy dando me marcan que estoy avanzando. Mi mejoría es notable, aunque no a la velocidad que quisiera como para pelear en los primeros tiempos. Pero sabía que iba a ser así", dice Del Potro a un grupo reducido de medios argentinos, incluido LA NACION. Y añade: "Tuve que esperar mucho tiempo para volver al tenis y extrañaba la Copa Davis. Estar acá, convocado para una serie de cuartos de final, ya es mucho. Creo que todo lo que viene siendo este año para mí, con la vuelta al tenis y a la competencia, es súper importante y me da felicidad porque es un premio a no haber bajado los brazos".

Del Potro calza sus pies de talle 45 con unas zapatillas que la marca que lo auspicia le fabricó especialmente con los colores de la bandera argentina, muy similares a las que utilizó en su primera época en la Davis. Para la producción fotográfica con LA NACION se las cuelga del hombro, como un boxeador a sus guantes. "Todo el mundo sabe que el polvo de ladrillo no es mi superficie favorita, pero me crié jugando en canchas de este tipo, así que no tengo problemas. No sé si voy a jugar sólo el dobles; está viéndolo Daniel [Orsanic, el capitán]. Él sabe todo el esfuerzo que estoy haciendo para jugar, el cambio de superficie, cómo está mi muñeca, y lo analizará. Hoy, por suerte, hay otros jugadores que están en buen nivel en esta superficie, y mi mayor meta es ir mejorando de la mano, pegando de revés cada vez más", explica el ex número 4, que jugará el punto intermedio por primera vez desde su debut por la Ensaladera, en febrero de 2007, ante Austria en Linz. No lo dice, pero lo da a entender: es muy difícil que actúe en singles. Su condición física es, todavía, una de sus fragilidades.


-Al margen de tu salud, que te generó muchas complicaciones, ¿qué cambió para que volvieras al equipo de la Davis?


-La verdad es que cambiaron muchas cosas de mi vida cuando estuve lesionado. Estuve muy cerca de no volver a jugar y de retirarme por lo dura que era mi lesión, así que imaginate lo lejos que estaba de volver a esto. Pero las cosas se modificaron. Sentí que del otro lado había gente que escuchaba, que ponía énfasis en los juniors, que tenía ganas de trabajar en el tenis argentino para que creciera, con más planificaciones, para que los más chicos se sintieran apoyados. Esas cosas fueron dándose en los últimos años, pero a mí me faltaba jugar al tenis. Ahora me siento en condiciones físicas y tenísticas como para volver a ser parte, pero desde adentro.

Foto: LA NACION / Adrián Quiroga

-Ustedes, los tenistas, suelen decir que la Davis es muy distinta al circuito. ¿Te generó alguna tensión distinta disputarla en otros tiempos?


-No, siempre es un... es una competencia de las de más alto nivel, y uno toma el compromiso y la responsabilidad acordes.

-¿Pero no sentías la lupa del público sobre vos?


-Para que vean la importancia que le daba: yo siempre, a lo largo de todas las series de Copa Davis que jugué, viajaba con mi preparador físico y con mi coach. Y viajaba mi equipo para que también fuera una semana importante en mi calendario. Al estar en un puesto determinado del ranking, o tener un nivel diferente al del resto, se siente eso de la presión de la gente. Pero yo siempre lo tomé de una buena manera.

-Puntualmente, ¿estas horas previas a la serie con Italia te encuentran nervioso, ansioso?


-No, no, no. Estoy tranquilo. Estoy disfrutando todo lo que viene pasándome en mi vuelta al tenis. Para mí todo lo que venga es como un regalo de Dios. Estuve muy cerca de no poder estar en esto, de no poder jugar al tenis, y no hace mucho tiempo le gané al 5 del mundo [Stanislas Wawrinka, en Wimbledon]. Eso ya pasó y ahora estoy de nuevo preparándome para una serie de Copa Davis, compartiendo con otros jugadores, con un capitán con el que nunca había tenido experiencia en la cancha. Y, como digo, para mí todas esas cosas implican volver a disfrutarlas, volver a recordarlas. Todo esto es como un volver a vivir. Y todo lo que sea dentro del ámbito del tenis me pone muy feliz, porque estuve cerca de no poder vivirlo más.

-¿Italia, por ser local, es el favorito?


-Veo una serie pareja. En la Davis es muy difícil, siempre hay sorpresas; cuando uno es favorito puede pasar a no serlo por los resultados del primer día. Todos los puntos van a ser muy equilibrados, no hay un jugador que sobresalga y asegure los dos puntos. No es como cuando jugamos contra Brasil el año pasado, cuando el dobles de ellos [Marcelo Melo y Bruno Soares] era el punto más fuerte. Ahora se puede ganar los cinco, como no hacerlo. Eso hace más interesante la serie.

10. Son las series de Copa Davis que protagonizó Del Potro. Acumula 12 triunfos y 4 derrotas (75% de eficacia), siempre en individuales.


Con la mente en Río 2016


PESARO, Italia (De un enviado especial).- Del Potro se proyecta ya hacia los Juegos Olímpicos. "Cuando pienso que se acerca Río y ya pasaron cuatro años desde Londres, de los cuales estuve inactivo en dos, quiero morirme. Viviré nuevamente esa experiencia única de compartir momentos con otros deportistas. Las condiciones son otras, porque a Londres fui a ganar una medalla: alquilé una casa cerca de Wimbledon, me preparé como nunca y llevé a todo mi equipo de trabajo. En Río será distinto, pero dejaré todo".

La Nación Argentina
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